Ya mucho antes que las grandes naves españolas empezaran a aparecer sobre el horizonte en 1567, diestros remeros de dalcas, los indígenas chonos, navegaban los canales. Las dalcas, y en menor medida, los navíos españoles, constituyen la historia colonial del mar chilote.
La dalca era una embarcación de tres tablas que se unían pasando fibras a través de agujeros hechos en los bordes y se calafateaban cuidadosamente. Construídas en madera de alerce o ciprés, medían entre 6 a 20 metros con proa y popa.
Las dalcas fueron modificadas más adelante por los españoles quienes agregaron el timón, las velas, dos o cuatro tablas más de borda y cuadernas, según su requerimiento.
Complementando las tareas de las grandes expediciones hidrográficas españolas, pudieron llegar a lugares inaccesibles por embarcaciones mayores. Todos los traslados de "la misión circular" llevada por los jesuítas a 72 capillas de las islas por mas de 150 años fueron a bordo de las dalcas con pilotos nativos. Con éstas, se comunicaban de un extremo a otro, llevaban noticias a todos los rincones, vigilaban y se abastecían.
Esta tradición, sumando lo aprendido de marineros, naúfragos, piratas y desertores que recalaron en estas costas, es la que rescatan hasta el día de hoy los constructores de embarcaciones en Chiloé , o carpinteros de ribera. El arte de construir en madera sigue vigente, y Travesía Sur recoge este antiguo oficio en sus embarcaciones.